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El Clásico Mundial sobrevive pese a sus defectos

Béisbol

ERIC NÚÑEZ / AP | 3/21/2013, 4:12 p.m.
El Clásico Mundial sobrevive pese a sus defectos
El equipo dominicano celebra en el Clásico Mundial de Béisbol. | AP

SAN FRANCISCO, California — Si fuese por el perfil internacional, la tercera edición del Clásico Mundial de Béisbol cumplió su cometido con creces. Si fuese por los vericuetos reglamentarios de la competencia, el torneo aún deja mucho que desear.

Concebido por Grandes Ligas hace una década para globalizar al béisbol más allá de sus bastiones tradicionales de Norteamérica, el Caribe y Japón, los organizadores del Clásico quedaron embelesados cuando Holanda alcanzó las semifinales e Italia avanzó a la segunda ronda. Los índices de teleaudiencia en Japón batieron las marcas de los Juegos Olímpicos del año pasado y el 51% sintonizó la derrota ante Puerto Rico en semifinales. Brasil y España pudieron dar sus primeros pasos.

La ambición es que el béisbol pueda llegar a tener el mismo impacto del fútbol, popular en cada continente. ¿Una locura? El comisionado Bud Selig lo ve posible, con juegos de temporada regular en Australia y Europa.

“La internacionalización puede llevar a este deporte a niveles que hoy día no podemos imaginarnos”, dijo Selig durante el torneo. “La idea de una auténtica Serie Mundial, el interés en el mundo, es algo que me resulta imponente”.

“Si lo hacemos bien, no vamos a reconocer nuestro deporte dentro de una década”, añadió.

Por ahora, el Clásico ofrece una experiencia entretenida gracias a la pasión arrebatadora con la que los equipos latinoamericanos se toman el desafío, desde la “mirada diabólica” del relevista mexicano Alfredo Aceves durante una gresca contra Canadá y el “plátano mágico” que el cerrador dominicano Fernando Rodney cargó como amuleto en la cinta del pantalón durante los juegos.

Todo llegó a su punto culminante la noche del martes, cuando la República Dominicana completó una marcha invicta en ocho partidos para conquistar su primer título. Puerto Rico sucumbió en la final, pero su sorpresiva campaña podría servir para revivir un deporte que en los últimos tiempos se había adormecido en esa isla.

También se produjo el fracaso de Venezuela, cuya ofensiva conformada por Miguel Cabrera, Pablo Sandoval, Carlos González y Martín Prado no sirvió de nada al fallarle sus lanzadores.

“Los torneos no se ganan con nóminas y nombres”, dijo el torpedero dominicano José Reyes, recordando la herida dejada por la eliminación en primera ronda a manos de Holanda hace cuatro años. “Estábamos tan confiados en nuestro talento, que con sólo eso se podía. Pero eso a veces no te sirve. Ahí está lo que le pasó a Venezuela, con jugadores de tanta clase”.

Por segunda vez en tres ediciones, Estados Unidos no pudo meterse en el cuarteto de semifinalistas. Y con ello se desató otra catarata de críticas sobre el nivel de compromiso de sus estrellas, que al fanático estadounidense le importa un pepino el torneo, que si el país donde se inventó el deporte ha sido definitivamente igualado por los demás.

Lo que haga el equipo de Estados Unidos es realmente secundario para los propios organizadores. Las tres finales del torneo se han disputado en Estados Unidos, pero no se descarta que en próximas ediciones la definición se monte en Latinoamérica o Asia.

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