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Opinión: Armstrong, cegado por su ambición de éxito y poder


Bajo la lupa

GERMÁN FERNÁNDEZ-MOORES | 1/18/2013, 9:56 a.m.
Opinión: Armstrong, cegado por su ambición de éxito y poder
En el Tour de Francia, el texano Armstrong, oriundo de Austin, hizo historia al ganar la carrera más famosa del ciclismo en siete oportunidades. Después le retiraron los títulos por dopaje. | PETER DEJONG/ AP

Armstrong confiesa el dopaje

El exciclista estadounidense Lance Armstrong admitió este jueves que tomó varias sustancias para mejorar su rendimiento en una entrevista de televisión con Oprah Winfrey en Estados Unidos.

El exciclista estadounidense Lance Armstrong admitió este jueves que tomó varias sustancias para mejorar su rendimiento en una entrevista de televisión con Oprah Winfrey en Estados Unidos.

HOUSTON - ¡Es algo increíble! ¡Es inhumano! ¡Es un superhombre! Las expresiones de asombro se repitieron durante los siete años que Lance Armstrong ganó el Tour de Francia ante la fascinación de los aficionados al ciclismo entre 1999 y 2005.

Sin embargo, con su reciente confesión después de rechazar acusaciones de dopaje por más de una década, el texano demostró ser tan humano como todos nosotros, aunque todavía esté lejos de ser creíble, como sus hazañas en los Pirineos.

Demostró ser tan humano como para caer frente a la tentación del éxito, el dinero y el poder haciendo trampa. Y, lo que es peor, acusando de mentirosos y demandando en los tribunales a quienes osaron acusarlo de tramposo.

Ahora todos, desde su ex compañero de equipo y compatriota Floyd Landis hasta patrocinadores, organizadores de carreras o medios de comunicación que perdieron demandas frente a él, quieren recuperar algo de la tajada. O del prestigio.

Como cuando una bicicleta roza a otra y provoca una caída en grupo de competidores, imagen tan repetida del Tour, la confesión, además, tiene un efecto devastador para un deporte cuya imagen ya había sido arruinada por múltiples casos de dopaje en los últimos años, incluyendo el del equipo Festina en 1998 y la Operación Puerto en 2006.

Ahora, uno a uno, como los ciclistas del pelotón en una carrera, pueden ir cayendo quienes encubrieron al texano. Entre ellos pueden estar los dos últimos presidentes de la Unión Ciclista Internacional (UCI), la máxima entidad rectora de este deporte. El holandés Hein Verbruggen y el irlandés Pat McQuaid siempre han protegido a Armstrong, quien además agrandó el mito de superhombre cuando se curó de un cáncer testicular y luego ayudó a recaudar millones de dólares para su fundación Livestrong.

Por eso, más allá de la suerte que corra Armstrong, quien hasta podría llegar a ser encarcelado por perjurio por rechazar ante un tribunal judicial que se dopó, el futuro del ciclismo está en jaque.

Las sospechas rodearon en el pasado a otros deportes, como la supuesta protección a los top-ten del tenis, por ejemplo.

Ya retirado, el estadounidense Andre Agassi admitió en un libro autobiográfico en 2009 la adicción a las drogas que lo acompañó durante su exitosa carrera en el circuito de la ATP. Muchos se preguntaron cómo fue posible que el ex número uno del mundo nunca diera positivo en alguno de los controles. O era muy inteligente o lo protegieron. O las dos. Como parece haber ocurrido con Armstrong.

gf.moores@chron.com
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