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Visión de Haití según los ojos de un corredor


TRENTON DANIEL / AP | 1/10/2013, 2:30 p.m.
Visión de Haití según los ojos de un corredor
Astrel Clovis corre por las calles de Puerto Príncipe, esquivando vehículos, gallinas y pozos el 6 de enero del 2013. Poca gente se anima a correr por la capital haitiana en esas condiciones. | Dieu Nalio Chery / AP

Puerto Principe, Haití - Seis días a la semana, apenas amanece un individuo delgado se pone zapatillas de un verde brillante y sale a correr por las calles de Puerto Príncipe.

Es imposible no reparar en él. Muy poca gente se aventura a correr por las calles de la capital haitiana, donde escasean las aceras, no hay carriles para bicicletas y abundaban los agujeros ya desde antes del terremoto de hace tres años.

Igual que sucedió con prácticamente todos los residentes de esta ciudad de 3 millones de habitantes, la vida de Astrel Clovis fue sacudida por el terremoto del 12 de enero del 2010. Pero un mes después del temblor, ya estaba nuevamente corriendo. Sus corridas diarias le dan una perspectiva única de una urbe que lentamente se va recuperando y pocos saben como él lo que se ha hecho y lo que aún queda por hacer.

Clovis inicia sus corridas en las colinas del centro. Se pone sus pantaloncitos y unas zapatillas de segunda mano en la casucha de madera contrachapada donde vive en Petionville.

La suya es una verdadera carrera de obstáculos, en la que tiene que esquivar perros callejeros, gallinas, padres que acompañan a sus hijos a la escuela, camiones desvencijados y los volantazos de los conductores. En medio de todas las penurias que ha vivido esta capital, sus corridas le permiten a este mecánico de 42 años recuperar la esperanza.

"Son un indicio de que la vida continúa", explica Clovis.

El hombre ha corrido por las calles de Puerto Príncipe durante diez años. Decidió dedicarse seriamente al deporte cuando, en un acto impulsivo, se inscribió en una carrera por el centro de la ciudad y ganó.

"Eso fue lo que me motivó", relata en creole. "Me sentí especial".

Clovis es un individuo serio, que va a la iglesia religiosamente y no habla de más. Repara generadores, talento importante en una ciudad donde todavía se va la luz con frecuencia. Gana algún dinero extra corriendo pruebas de 5 o 10 kilómetros, por lo que, comparado con sus vecinos, está relativamente bien.

Paga 475 dólares por el alquiler por dos años de su casita de una habitación, que es uno de miles de refugios temporales construidos por organizaciones de ayuda luego del terremoto. Sus ocupantes se apropiaron de ellos y ahora los alquilan.

Su novia se le unirá en marzo, en que piensan casarse.

Cuando empieza a correr pasa por algunos de los campamentos levantados tras el temblor que todavía funcionan y que albergan a casi 360.000 personas. Ignora el humo del carbón que se usa para cocinar y que comienza a llenar el aire.

Pasa por el Royal Oasis, un gran hotel y centro comercial que un magnate local empezó a construir antes del terremoto y que fue completado gracias a una inversión de 2 millones de dólares de una fundación creada por Bill Clinton y George W. Bush.

Observa su reloj. Generalmente cubre una milla en siete minutos y medio. Respira con facilidad y su paso es seguro.