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Mariposas monarca atractivo turístico en México


MARJORIE MILLER/AP | 2/26/2013, 5:46 p.m.
Mariposas monarca atractivo turístico en México
Samantha Goldberger muestra el 14 de febrero del 2013 el anillo que le dio Jason Skipton al proponerle matirmonio durante una visita a la reserva El Capulín del centro de México para ver las mariposas monarca que migran desde EEUU y Canadá. En la foto aparece una de esas mariposas. | Jason Skipton/AP

ZITACUARO, MÉXICO - Conoció al amor de su vida a 3.200 kilómetros (2.000 millas) de donde vive, en un encuentro casual que le produjo un cosquilleo de mariposas en el estómago, y ella se trasladó de ciudad para estar con él. Desde ya, me dijo Jason Skipton, no había mejor lugar para proponerle matrimonio que un remolino de mariposas anaranjadas y negras que habían migrado miles de kilómetros para reproducirse.

No importó que el maravilloso santuario de mariposas monarca se encontrase en una región del centro de México que se disputan los carteles del narcotráfico. Cuando Samantha Goldberger preparó su cámara y corrió para ubicarse junto a Skipton para sacarse una foto en el Día de los Enamorados, él se arrodilló y le pidió su mano.

"Este lugar es como un milagro. Y lo que sucedió con nosotros es milagroso", comentó Skipton. "Nadie sabe por qué las monarca viajan tanto o por qué vienen aquí para encontrarse. Es inexplicable".

Cada año millones de mariposas monarca migran del este de Estados Unidos y Canadá al centro de México, cubriendo un trayecto de 3.200 kilómetros o más, hasta una tierra boscosa donde abunda la tala de árboles y corre la sangre por la violencia del narcotráfico. Las mariposas rayadas llegan a fines de octubre y principios de noviembre para hibernar en abetos y forman ramilletes que parecen hojas en otoño. Despiertan en febrero, al calor del sol, y revolotean alegremente en busca de compañero para comenzar a reproducirse.

Esperé mucho tiempo para poder disfrutar esta escena mágica y escuchar la delicada música que producen las mariposas al agitar sus alas. Al subirme con mi esposo y un amigo al autobús que me llevaría de la Ciudad de México a Michoacán me pregunté qué turistas encontraríamos en un sitio tan hermoso y brutal al mismo tiempo. ¿Habría gente deseosa de viajar al centro de México después de que el gobierno estadounidense recomendara evitar toda visita que no sea esencial al estado de Michoacán?

En el autobús no parecía que hubiese más extranjeros para cubrir el recorrido de dos horas por la carretera de Toluca, por carreteras serpenteantes mientras transmitían la película "Secuestro" con subtítulos en las pantallas del vehículo. Nuestros anfitriones, Pablo y Lisette Span, nos habían dicho que comprásemos pasajes en la parada de taxis de la terminal de buses de Zitacuaro para el viaje de diez minutos hasta el Rancho San Cayetano. Lo hicimos y llegamos sin problemas.

Algunos amigos nos habían dicho que San Cayetano era uno de los sitios más lindos y encantadores para quedarse durante la visita a la región de las mariposas. Es también uno de los más caros, pero tiene jardines bien atendidos y las habitaciones son cómodas, con chimeneas y leños listos para ser encendidos durante la noche. Si bien hay mesas individuales en el comedor, los huéspedes generalmente se entremezclan y conversan, de modo que las cenas y los desayunos son en grupo. Pablo Span comió con nosotros la primera noche y, de la forma más diplomática posible, trató de explicarnos la realidad de la violencia en Michoacán.