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Honduras: Poco cambio en cárcel donde murieron 362


ALBERTO ARCE /AP | 2/13/2013, 3:33 p.m.
Honduras: Poco cambio en cárcel donde murieron 362
En esta foto del 24 de enero de 2013, presos sobrevivientes del incendio que mató a 362 personas hace un año aparecen en la nueva celda colectiva en la cárcel de Comayagua, Honduras. Un año después del incendio que mató a 362 personas, la investigación sigue abierta y no se han presentado cargos. Las celdas incendiadas y el sistema eléctrico siguen en reparación. El preso que se convirtió en héroe al buscar llaves y salvar de la muerte a cientos de hombres no ha recibido el indulto prometido por el presidente Porfirio Lobo. (AP Foto/Alberto Arce) |

JUTICALPA, HONDURAS - Jesús García es uno de los hondureños que el día 14 de cada mes participa en una procesión macabra hasta la prisión donde dos primos suyos murieron junto a otros 360 presos en el peor incendio carcelario del último siglo.

Es su manera de exigir justicia para las muertes de Antonio y Franklin García, que quedaron encerrados en sus celdas mientras el fuego se abría paso entre los barracones de madera y los guardias corrían por su vida sin abrirles las puertas.

"Vamos al penal en procesión simbólica, con un ataúd, para pedir justicia, pero nadie nos da respuestas, vamos a la Ministra de Derechos Humanos y ella nos pasa al presidente (Porfirio Lobo) y él a la oficina de la primera dama para que se gestione una ayuda y ahí se termina todo. Ni justicia ni ayuda", explica.

Un año después del incendio de Comayagua, a unos 100 kilómetros de Tegucigalpa, la investigación continúa abierta y los fiscales no han acusado a nadie por lo sucedido. Las celdas quemadas y el sistema eléctrico de la prisión aún están siendo reparadas.

El preso que se convirtió en héroe de aquel incendio, encontrando las llaves y salvando a decenas de hombres, nunca recibió el indulto prometido por Lobo. La ley prohíbe indultar a convictos de asesinato y Marco Antonio Bonilla continúa encarcelado y trabajando en la misma enfermería en la que los gritos de sus compañeros devorados por el fuego le despertaron aquella noche.

"No había medios de extinción de incendios ni un plan de evacuación, ni se permitió a los bomberos entrar con la debida diligencia. En vez de actuar correctamente, los policías se limitaron a realizar disparos al aire como supuesto protocolo de actuación en caso de fuga", dijo el fiscal de derechos humanos German Enamorado, que ha dirigido la investigación por encargo del Fiscal General.

García sabe que aquello podría suceder de nuevo. Además de ser pariente de dos fallecidos, es el encargado de la prisión de Juticalpa, en la capital del Departamento de Olancho. Un incendio en esa instalación, que aloja a casi 500 prisioneros, podría causar la misma devastación porque el penal no dispone de agua corriente para luchar contra las llamas o una línea telefónica para llamar a los bomberos en caso de emergencia. Y eso que es la prisión más moderna de Honduras, construida en 2007.

Las organizaciones de derechos humanos han criticado ampliamente el sistema de prisiones. La mayoría de los 11.000 presos en las 24 cárceles del país ni siquiera han sido condenados. Más de la mitad de los 800 internos del penal de Comayagua el día del incendio estaban aún en espera de juicio, según un informe del gobierno enviado hace un año a las Naciones Unidas.

La investigación sobre el desastre realizada por la Fiscalía de Derechos Humanos "no observa mano criminal en el origen del incendio", dice Enamorado.

"Comenzó con una llama abierta, en uno de los hogares y se extendió en un periodo de pocos minutos" dice Enamorado, citando un informe de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de los Estados Unidos que investigó el incendio. Pero "se observa negligencia por parte de los funcionarios a cargo de la seguridad del penal que con su acción pudieron haber evitado un número de muertes de tal magnitud".