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Se va de Quito vecino ruidoso y peligroso


GONZALO SOLANO /AP | 2/5/2013, 3:47 p.m.
Se va de Quito vecino ruidoso y peligroso
En esta foto de archivo del 8 de enero de 2013, chicos juegan al fútbol en la Escuela Eloy Alfaro mientras un avión un avión se aproxima para aterrizar en el Aeropuerto Mariscal Sucre de Quito, Ecuador. El descenso en esta terminal aérea, inaugurada en 1960, era uno de los más difíciles de América Latina. El rugido constante de los aviones martirizaba a los vecinos. Pero eso está a punto de cambiar, con la inauguración próxima de un aeropuerto a 20 kilómetros de distancia en una zona poco poblada al norte de la ciudad. | Dolores Ochoa/AP

QUITO, ECUADOR - Aterrizar en el aeropuerto de la capital ecuatoriana es una experiencia como para comerse las uñas. Con su altura, pista de aterrizaje corta y la vecindad de los picos andinos, el Mariscal Sucre es uno de los más difíciles para los pilotos. Y el rugido constante de los aviones lo convierte en un tormento para quienes viven en las cercanías.

Pero eso está a punto de cambiar: el viejo, incómodo, molesto y peligroso vecino después de casi 53 años se aleja del norte quiteño y deja en paz a miles de habitantes, aunque algunos de ellos quizá lo extrañen.

Cuando fue inaugurada en agosto de 1960, esta terminal aérea estaba ubicada en un valle del extremo norte quiteño, a 2.850 metros de altura sobre el nivel del mar, y con baja densidad poblacional en esa época.

Con el pasar de los años, la ciudad en medio de un largo valle interandino por necesidad tuvo que avanzar hacia donde estaba el aeropuerto, y las urbanizaciones y ciudadelas lo rodearon, ocupando cada centímetro disponible para viviendas de clase media, que se instalaron junto a lo que se había vuelto un vecino ruidoso y peligroso.

Ahora el aeropuerto tiene los días contados.

El alcalde de Quito, Augusto Barrera, anunció que "el 19 de febrero a las 19 horas se recibirá el último vuelo en el aeropuerto".

Desde el día siguiente, las nuevas instalaciones aeroportuarias comenzarán a funcionar en la zona rural de Tababela, 20 kilómetros al noreste capitalino, en donde está una pista de 4.100 metros e instalaciones más grandes, modernas y cómodas que permitirán recibir a 5 millones de viajeros al año.

"Nos da mucho gusto que se vaya, el estruendo de los aviones a veces nos despertaban a la madrugada, los vidrios de la casa temblaban y parecían que se iban a romper. Muchas veces pensé que un avión se podía caer sobre mi casa y matar a toda mi familia. Al fin se va", dijo a la AP María Dávila, de 40 años, quien vive desde niña a dos cuadras de la pista del aeropuerto.

Se queda en silencio unos momentos, parece reflexionar y añade: "El aeropuerto ha sido un mal vecino, un vecino muy peligroso, pero creo que lo vamos a extrañar, porque el nuevo aeropuerto está muy lejos".

Un piloto de la aerolínea LAN, que no quiso ser identificado porque no contaba con permiso de sus superiores para dar declaraciones, dijo a la AP que el aeropuerto de Quito "está entre los que llamamos complicados en el mundo, porque es una aeropuerto de altura, está en medio de montañas y porque el ángulo de aproximación es más pronunciado que lo normal".

Explicó que en los 2.850 metros de altura en que se encuentra la capital ecuatoriana, "disminuye el desempeño de los aviones, igual que el de los automóviles, porque hay menor cantidad de oxígeno".

Añadió que en cuanto a los barrios que rodean al aeropuerto quiteño, "el caso es extremo, porque hay unos pocos metros entre la pista y las casas, pero no importa dónde construyan cualquier aeropuerto en el mundo, con el tiempo sus alrededores se van poblando, pero no al extremo, como en Quito".