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El transbordador Columbia: un recuerdo vivo para los texanos que presenciaron el desastre


MIKE TOLSON y CINDY HORSWELL | 2/1/2013, 12:56 p.m.
El transbordador Columbia: un recuerdo vivo para los texanos que presenciaron el desastre
Siete coronas se utilizaron para conmemorar a los siete astronautas que murieron hace 10 años cuando regresaban de una misión | Johnny Hanson

HEMPHILL — El 1 de febrero de 2003 fue un día fresco y despejado en la mayor parte de Texas, una hermosa mañana dominical sin nubes ni vientos fuertes. Había suficientes razones para mirar hacia arriba… hasta que ocurrió.

El sol apenas había rebasado la copa de los árboles cuando personas en Piney Woods oyeron lo que luego se describió como una explosión sónica. Eran las 8 de la mañana y quienes contemplaban a esa hora el cielo vieron algo extraño y repentino. Algunos vieron un destello de luz, otros una estela de vapor o raras formaciones de nubes. Algo había ocurrido a más de 39 millas sobre ellos.

Pocos minutos después, algo se acercaba a ellos desde varias direcciones. En ese pequeño pueblo en el este de Texas, en el cercano Nacogdoches y 60 millas a la redonda, se oyeron ruidos muy fuertes y amedrentadores que presagiaron algo terrible.

Phil Brown, mecánico jubilado, aún recuerda el sonido sibilante de objetos que se aproximaban a la tierra a una velocidad vertiginosa. Las pequeñas explosiones que provocaban al caer hacían eco en su casa en Toledo Bend Reservoir, que a esa hora de la mañana estaba cubierta por la bruma

“Creí que nos estaban bombardeando”, dijo Brown. “Había bruma sobre el lago ese día. No podía ver, sólo oír cosas que caían. Sonaban como si estuvieran calientes porque chisporroteaban cuando caían en el agua”.

Hay cosas que uno recuerda y otras que uno olvida, pero la mañana del 1 de febrero de 2003 es uno de los recuerdos que la mayoría de los estadounidenses de cierta edad no olvida, sobre todo los que viven en esta zona y fueron bombardeados por escombros del Columbia. Para algunos desafortunados, esos fragmentos incluyeron restos de los siete astronautas que iban a bordo. No obstante, el recuerdo está latente en la mente de todos a pesar de que han transcurrido 10 años y el programa de transbordadores ha terminado.

Los esfuerzos de la comunidad para recoger las piezas del Columbia que se encontraran y el trato de esos fragmentos con respeto y dignidad fueron factores que unieron a la comunidad y les conectaron con la NASA de una forma que ninguno imaginaba. Antes de esa mañana, el programa espacial pertenecía a otros, en especial a Houston, donde residían los astronautas y estaba el control de la misión, y a Florida, donde se encuentran las plataformas de lanzamiento de Cabo Cañaveral y el Centro Espacial Kennedy.

“Esto ha impactado a cada alma de por aquí”, dijo Marsha Cooper, agente de prevención de incendios del Servicio Forestal de Estados Unidos que ayudó en la búsqueda de escombros. “Es algo que siempre llevamos con nosotros”.

Las Escrituras

El transbordador, que sufrió daños en un panel de un ala que normalmente era resistente al calor, comenzó a perder pedazos al oeste de California durante su vertiginoso descenso. Los informes de escombros llegaron de lugares tan distantes unos de otros como Canadá y Bahamas, pero gran parte del resto cayó sobre Texas, sobre todo en la zona este.