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Un amigo imaginario no es un mal amigo


Su presencia podría ayudar en el desarrollo de tu hijo

Kim Kyle Morgan | 4/27/2013, 6 a.m.
Un amigo imaginario no es un mal amigo
Escena de la película Opal Dream (2006), que trata de una niña australiana con un amigo imaginario. | Strand Releasing

HOUSTON - No hay un padre que no haya mirado a sus hijos con cierta preocupación cuando hablan de amigos imaginarios, pero “Mamá, se te olvidó servirle jugo a Keisha”, no es una expresión de locos, sino una forma saludable que tienen los chicos para explorar la fantasía y constatar la realidad.

Hasta un 65 por ciento de los niños tiene amigos imaginarios entre los tres y los cinco años, según el psicólogo Rob Pennington, de la organización Mental Health America of Greater Houston.

Según Pennington, la cuestión es básicamente biológica: tenemos un cerebro dividido a la mitad. “La mitad izquierda tiene que ver con el mundo físico y la mitad derecha con el imaginario”, dice Pennington. “Funcionamos en ambos mundos al mismo tiempo, pero los chicos no saben que deben mantenerlos separados”.

La mayoría de los niños olvida a sus amigos imaginarios cuando entran en kindergarten, pero un tercio los mantiene hasta los siete años. Algunos amigos imaginarios van desapareciendo gradualmente, otros se van de manera tan espontánea como aparecieron.

La houstoniana Sue Payne cuenta que Tony, el amigo imaginario de su hija Hannah, se quedó en Houston cuando la familia cuando se mudó a Washington, D.C.

Hannah, que ahora tiene 25 años, no se acuerda de Tony más allá de su época preescolar, pero los efectos a largo plazo han sido positivos.

Algunas investigaciones han demostrado que los niños que tienen amigos imaginarios suelen tener un mejor vocabulario, destrezas cognoscitivas más agudas, gran creatividad y un alto grado de empatía. “Los maestros de Hannah me decían que le pedían que se sentara con otros chicos cuando había conflictos, porque ella parecía tener la capacidad para conectarse con ellos”, relata Playne. “Tal vez la habilidad de resolver los problemas con su amigo imaginario le ayudó a desarrollar esto”.

Y es posible que Payne tenga razón. “Para que un niño tenga un amigo imaginario, tiene que ser capaz de imaginar la percepción de alguien más”, explica Elizabeth Newlin, directora del Programa de Tratamiento Adolescente de la Clínica Menninger de Houston.

A medida que los niños crecen y comienzan a experimentar situaciones sociales más complejas, sus amigos imaginarios pueden asumir nuevas identidades y características. A veces estos amigos no son humanos, ya que hay chicos que describen animales o súper héroes.

Mientras más pequeño sea un chico es más probable que el amigo imaginario sea un objeto físico, como un animalito de peluche.Las niñas son más inclinadas a tener amigos imaginarios que los niños, pero las razones por las que tienen amigos imaginarios son diversas. Algunos chicos gustan de tener una especie de chivo expiatorio a quien puedan culpar si los sorprenden haciendo algo indebido o mintiendo. Otros necesitan tener un confidente, alguien que les ayude a lidiar con la llegada de un hermano o una mudanza de casa y escuela.

Hay niños que necesitan tener un ejemplo a imitar, alguien que los oriente cuando las situaciones se complican.

Aunque hay varios factores positivos acerca de los amigos imaginarios, hay otros que pueden indicar una enfermedad mental subyacente, como la esquizofrenia.