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Lila Downs, en una charla íntima en Houston


La cantante méxico-estadounidense conversó en el Museum of Fine Arts de Houston ante un público entregado

David Dorantes | 4/5/2013, 11:08 a.m.
Lila Downs, en una charla íntima en Houston
La cantante méxico-estadounidense conversó en el Museum of Fine Arts de Houston ante un público entregado. La reportera del Houston Chronicle, Lise Olsen, izquierda, y David Dorantes, derecha, reportero de La Voz de Houston. | TODD SPOTH

HOUSTON- Lila Downs, de cerca, irradia una energía contagiosa. Su sonrisa y su presencia transmiten a su interlocutor la sensación de estar junto a una vieja amiga a la que uno se reencuentra después de muchos años de no verla. Cuando habla lo hace sonriendo todo el tiempo. Cuando escucha lo hace muy seria observando con detenimiento directamente a los ojos de su interlocutor.

Ayer, jueves 4 de abril en la noche en el Museum of Fine Arts de Houston (MFAH), la periodista Lise Olsen del Houston Chronicle y yo de La Voz entrevistamos a Downs durante una hora en la que la extraordinaria cantante méxico-estadounidense reveló, brincando indistintamente del inglés al español, detalles íntimos de su vida que muy pocas veces cuenta ante una audiencia entregada.

Downs esperó a que la charla con el público comenzara en un pequeño camerino. Ahí, junto con su esposo el saxofonista estadounidense Paul Cohen, recibió con una calidez y una camaradería a los dos impertinentes periodistas que, minutos después, le lanzarían todo tipo de preguntas musicales, personales, sociales y políticas.

Olsen le preguntó a Downs si ella tendría reparos en hablar ante la audiencia de algunas cosas muy íntimas como la muerte de su padre cuando ella tenía 16 años o su fuerte etapa de tristeza por no haber podido concebir un hijo.

"No hay problema... ustedes pueden preguntarme lo que quieran. Es una charla de amigos", respondió Downs al tiempo que apretaba de manera suave y cálida el antebrazo de Olsen en un gesto que repitió varias veces con decenas de personas que se le acercaron.

Downs contó cómo se conocieron sus padres, la cantante mexicana Ana Sánchez y el profesor de arte y cinematógrafo estadounidense Allen Downs en Oaxaca "según mi padre fue en un cabaret... según mi madre fue en una cafetería" y desde el primer momento en que se vieron se enamoraron de inmediato.

Downs, en uno de los momentos más extraordinarios de la noche, reveló que su madre le cantaba canciones rancheras mexicanas y Olsen vio una ventana para que entrara la magia.

"¿Qué canciones te cantaba tu madre... nos podrías cantar algo?", dijo Olsen.

Downs entonó unas breves estrofas de la adolorida canción La cama de piedra del compositor mexicano Cuco Sánchez.

Ver cantar y esuchar tan de cerca a Downs, a unos pies de mi, me sacudió. Su voz poderosa es un caudal de emoción que transmite pasión, desgarro, color, calor. Pero, además, tiene una técnica impecable en donde modula y cambia su respiración para crear resonancias extraordinarias y efectos de eco sobre su propia voz de una manera mágica. Nunca, en mis 20 años como periodista de música, presencié algo igual y que me sacudiera tan profundamente.

Downs contó que la conciencia del poderío de su voz y que podía transmitir emociones muy profundas le llegó en la Universidad de Minnesota en donde estudiaba Música con especialización en Canto de Ópera y Antropología.

Sin embargo, en algún momento de su vida, se reveló de las enseñanzas académicas y se lanzó por Estados Unidos siguiendo al grupo estadounidense de rock Greatful Dead, como groupie, en un fenómeno de la culura popular que el grupo generó a su alrededor en sus seguidores que se autodenominaban Dead Heads.