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Exhumación de Neruda no esclarecerá muerte


EVA VERGARA /AP | 4/5/2013, 5:45 p.m.
Exhumación de Neruda no esclarecerá muerte
ARCHIVO - En esta fotografía de archivo del 23 de agosto de 1973 el general chileno Augusto Pinochet, a la izquierda, y el presidente chileno Salvador Allende asisten a una ceremonia en la que Pinochet fue designado comandante en jefe del ejército en Santiago, Chile. Lo más factible es que los esfuerzos del chofer y asistente del poeta chileno Pablo Neruda, quien en los últimos 23 años ha venido hablando públicamente de la hipótesis del asesinato del poeta, no conduzcan a ningún lugar cuando se exhume su cuerpo para intentar determinar si murió de un cáncer de próstata o fue asesinado por un médico que habría sido contratado por la dictadura de Pinochet tras el derrocamiento de Allende para inyectarle un veneno. (AP foto/Archivo) |

ISLA NEGRA, Chile - Lo más probable es que de la exhumación de los restos de Pablo Neruda del domingo no aparezcan evidencias concluyentes que permitan decir si el poeta murió en medio de un tratamiento contra un cáncer de próstata o si fue asesinado por un médico, cuya existencia nadie ha podido comprobar, y que habría sido contratado por la dictadura recién instalada en el país para silenciarlo.

Lo más factible es que los esfuerzos y la perseverancia del chofer y asistente del poeta laureado con el Nobel de Literatura, quien en los últimos 23 años ha venido hablando públicamente de la hipótesis del asesinato, no conduzcan a ningún lugar distinto a la duda.

Y lo más posible es que, como sucedió con la autopsia del expresidente chileno Salvador Allende, nos encontremos en unos meses frente a un dictamen que no todos los interesados y la sociedad compartirán o considerarán válido.

"El error fue el 23 de septiembre cuando dejamos a Neruda solo", dijo el conductor Manuel Araya a The Associated Press. "Si no hubiera quedado solo, no lo hubieran matado".

El autor de los universales sonetos recogidos en "Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada", murió el 23 de septiembre de 1973 a escasas horas de partir al exilio en un avión enviado especialmente por el presidente mexicano de entonces, Luis Echeverría, y 12 días después del golpe de Estado liderado por el general Augusto Pinochet con el apoyo del gobierno de Estados Unidos.

La versión oficial, compartida por la Fundación Neruda y la entonces viuda, fue que Neruda murió de causas naturales tras el trauma padecido por ser testigo del golpe de Estado y por la inclemente persecución que padecieron muchos de sus amigos.

"Tengo rabia también porque estuve más de ocho veces en el comité central del Partido Comunista diciéndoles: 'Neruda fue asesinado', pero no me escucharon a tiempo", dijo Araya. "Me escucharon sólo el 5 de mayo de 2011, cuando di una entrevista al semanario Proceso de México y ahí se armó un revuelo internacional".

En un país que restauró su democracia hace más de dos décadas y que tuvo como presidente a una mujer divorciada y socialista, el gran obstáculo para conocer la causa de la muerte de Neruda no reside en algún soterrado mecanismo de encubrimiento sino en algo mucho más cotidiano: la carencia de tecnología que permita detectar si al poeta le inyectaron veneno, como dice Araya, poco antes de expirar.

"No hay que hacerse grandes expectativas o falsas expectativas pensando que a través de la exhumación y de los análisis de los restos de Neruda se va a poder establecer la causa y el mecanismo de muerte", dijo el médico cirujano y forense Luis Ravanal. "El laboratorio del Servicio Médico Legal carece de equipamientos básicos en análisis de tóxicos y medicamentos que hasta los más modestos laboratorios tienen... de allí que técnicamente existe una importante limitación, menos aún equipos más sofisticados para detectar otros compuestos, de allí que invariablemente tendrán que recurrir a otros laboratorios".