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El astronauta José M. Hernández quiere inspirar a otros


Hernández cuenta en su autobiografía cómo pasó de trabajar en los campos a astronauta

E.J. Tamara\AP | 9/28/2012, 4:16 p.m.
El astronauta José M. Hernández quiere inspirar a otros
El astronauta José M. Hernández, de origen mexicano, lanzó su libro autobiográfico bilingüe y con el cual quiere causar un impacto positivo en los jóvenes hispanos de Estados Unidos. | (Foto: NASA\AP)

LOS ÁNGELES- Todo es posible, dice el astronauta José M. Hernández en su autobiografía, en la cual cuenta a detalle cómo pasó de ser un niño al que le pagaban 50 centavos de dólar por cada cubeta de fruta o verdura que cosechaba a ser astronauta de la NASA y ahora candidato al Congreso de Estados Unidos.

El cosechador de estrellas(Reaching For The Stars en inglés), publicado por Center Street en ambos idiomas, es una historia de esfuerzo, dedicación, persistencia y esperanza escrito con la intención de inspirar.

El mensaje más importante que quiere transmitir el astronauta de padres mexicanos es que nada es imposible, que hasta un niño campesino puede alcanzar sus metas.

“Quise que vean que a pesar de que fui un campesino que trabajé en el campo, de padres muy humildes, que sólo tenían tercer grado de primaria, sin embargo pude realizar mi sueño a base de educación y esfuerzo”, dijo Hernández en una entrevista reciente con The Associated Press.

“Quise que vean que todo es posible, que ellos también pueden alcanzar sus propias estrellas ... que digan: ‘Si José pudo, con tantos obstáculos que tuvo ... entonces yo también lo puedo hacer”, añadió.

Su historia comienza en el pueblo de Ticuítaco, en Michoacán, donde surgió su deseo de viajar al espacio exterior mientras veía estrellas fugaces al lado de su abuelo.

“‘Deseo ser astronauta’, decía muy dentro de mi corazón”, relata Hernández en su libro, que salió a la venta la primera semana de septiembre.

Este anhelo lo impulsó a llevar una vida de esfuerzo alejado de la delincuencia, pese a que creció en una familia de escasos recursos que por años vivió en barrios del norte de California asechados por pandillas.

Su apoyo más grande fue siempre su familia, cuenta el astronauta de 50 años nacido en French Camp, California. Sus padres campesinos le hicieron trabajar la tierra a él y sus hermanos los fines de semana y todos los veranos, pero también les exigieron que no dejaran la escuela.

“Nosotros laborábamos en el campo porque el propósito era que entendiéramos el significado del trabajo, el valor del dinero y la importancia de progresar, pero (mis padres) sabían que aún sin nuestra aportación podían sacarnos adelante”, escribe.

Lo que terminó por motivar a Hernández a convertirse en astronauta no fue la serie televisiva Star Trek, que le encantaba, sino ver por televisión el 20 de julio de 1969 a Neil Armstrong caminando sobre la luna.

“A partir de ese momento, nada ni nadie me quitó la idea de la cabeza”, dice Hernández en su libro.

Confiesa que no dominó el inglés sino hasta los 12 años, aunque por ese tiempo ya destacaba en matemáticas, materia en la que ahondaría para estudiar ingeniería.

En la escuela también superó insultos raciales y clasistas de niños que le decían “come tacos” para convertirse luego en presidente del cuerpo estudiantil en la secundaria. Ese fue el primero de una serie de puestos por elección que aceptaría en su vida y en su carrera profesional.