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Las derrotas pueden hacerte más fuerte


HÉCTOR PINA | 11/10/2012, 6 a.m.
Las derrotas pueden hacerte más fuerte
Una vez, en mi temprana adolescencia, experimenté una gran frustración durante una clase de gimnasia en la escuela porque no me salían bien los ejercicios que pedía el profesor y, sin embargo, la mayoría de mis compañeros hasta recibían aplausos después de ejecutarlos. | Fotolia

Una vez, en mi temprana adolescencia, experimenté una gran frustración durante una clase de gimnasia en la escuela porque no me salían bien los ejercicios que pedía el profesor y, sin embargo, la mayoría de mis compañeros hasta recibían aplausos después de ejecutarlos.

Fue tal mi sensación de derrota que me alejé de todos y fui a sentarme en un rincón del salón donde nadie pudiera ver mis lágrimas de rabia y vergüenza.

Sin embargo, no me di cuenta de que cerca de mí estaba el abuelo de uno de mis compañeros, quien había presenciado mis caídas y mal desempeño. El hombre se me acercó sonriente, me dio dos o tres palmadas en un hombro y me dijo: “Muchacho, siempre es agradable ganar, pero perder te hace más fuerte, ya verás”.

Lección de vida

No recuerdo su nombre, pero sus palabras de consuelo fueron trascendentales para mí, pues me han servido para reponerme y seguir adelante muchas veces después de cada revés o momento desfavorable en mi vida.

Todos hemos tenido que soportar fracasos y humillaciones, pero de adultos solemos disponer de más recursos emocionales para lidiar con la frustración y el desencanto. Sin embargo, de niños, la situación puede ser muy diferente y traumática, ya que a esa edad todavía no hemos aprendido que se puede ser muy bueno en algo y regular o malo en otras áreas, y que eso no es el fin del mundo.

Vivimos en una sociedad competitiva y a veces los padres ejercen sin darse cuenta un alto grado de presión sobre sus hijos y hasta les exigen de manera irracional que sobresalgan en actividades para las que tal vez no tengan aptitud o simplemente no les gusten.

Basta con sentarse en silencio en medio de un grupo de madres o padres para escucharles hablar sobre sus hijos. A veces da la sensación de que son ellos los que compiten entre sí. Y en esos momentos no puedo dejar de pensar que tal vez sus niños no sean tan geniales como ellos pretenden.

Aunque cierto grado de estímulo paterno suele ser beneficioso para un niño, el exceso puede operar de manera contraproducente porque el chico, que según sus padres es la gran maravilla, puede derrumbarse ante el fracaso y desarrollar inseguridad, sin contar el temor a lo que sus progenitores puedan decir cuando se enteren de que no ha resultado el campeón.

Enfoque diferente

En vez de instar a tus hijos a destacarse en todo, en especial en aquellas áreas donde a ti te hubiera gustado sobresalir y no pudiste, haz una breve retrospectiva hacia tu niñez y adolescencia para recordar francamente tus éxitos y fracasos en aquella época. Luego analiza con toda sinceridad la personalidad y destrezas reales de tu hijo o hija y acepta que tal vez nunca será el gran futbolista que soñabas ni la excelsa actriz que una vez quisiste ser. Adiós a la Copa del Mundo y al Óscar, pero ¿qué tal si tus chicos se sienten queridos y apoyados durante la época de indecisiones para luego ser felices con el futuro que ellos escogieron por sí mismos? ¿No es eso suficiente compensación para tus desvelos paternos?