Quantcast
2:12 p.m., 10/31/2014 | 77°

Difícil que Texas altere sus leyes de armas


Experiencias políticas previas y la cultura del estado serían fuertes obstáculos

Joe Holley | 12/19/2012, 3:36 p.m.
Difícil que Texas altere sus leyes de armas
La madre de la niña Liliana Lara, de seis años, la abraza a la salida de la primaria Crockett en Houston, después de enterarse de la masacre el viernes en un colegio en Connecticut en la que 20 niños fueron asesinados. | Mayra Beltrán

HOUSTON - La masacre de 20 niños y seis adultos en una escuela primaria de Connecticut ha desatado un debate nacional sobre las armas.

El coro de legisladores demócratas ha ido creciendo y esta semana se les unió incluso Joe Manchin, un senador de West Virginia del mismo partido que favorece el derecho a portar armas. “Todo debe ponerse sobre la mesa de negociaciones” cuando se debata el control de las armas en las próximas semanas y meses, dijo Manchin.

Sin embargo, es posible que en Texas el debate no prospere. De hecho, algunos funcionarios han pedido mayor acceso a las armas, no menos.

Los niños estarían probablemente más seguros si hubiese más gente con armas en las escuelas, opina el comisionado de Tierras de Texas, Jerry Patterson, quien tuvo gran influencia en la aprobación de la ley estatal de portar armas ocultas cuando era senador estatal por Pasadena en 1995.

Patterson, quien porta una pistola Magnum calibre 22 en su pierna izquierda, sugiere que se arme a más policías, guardias de seguridad y ciudadanos responsables en las escuelas.

“Si hubiera habido (guardias de seguridad y ciudadanos armados) en Colorado, en Virginia Tech y ahora en Connecticut, alguien que hubiese alterado la dinámica al portar un arma, se habrían perdido menos vidas”, afirma.

Maestros, se oponen

Gayle Fallon, presidenta del sindicato de la Federación de Maestros de Houston, dice que se opone firmemente a armar a los profesores, como hizo en 2008 un pequeño distrito escolar en Harrold, lo cual atrajo la atención nacional.

“De verdad espero que no veamos de nuevo en Texas la idiotez de, ¿por qué no dar armas a los maestros?”, comenta Fallon. “Pero (lamentablemente) estoy segura de que lo vamos a ver en la sesión legislativa. Este país necesita controlar las armas y conste que no estoy particularmente en contra de ellas. Tengo armas, pero debe haber algún control acerca de quién puede tener una”.

Los senadores por Texas Kay Bailey Hutchison y John Cornyn, así como el gobernador del estado, Rick Perry y el fiscal general, Greg Abbott, han expresado sus condolencias sobre la masacre, pero no han mencionado el control de las armas. Sin embargo, Perry y Abbot lo han rechazado previamente.

“A los texanos nos gustan nuestras armas”, escribió el gobernador en su libro Fed Up. “No nos gustan las estadísticas entrometidas que quieren infringir nuestro derecho a tenerlas y portarlas”.

Los políticos de Texas suelen citar la experiencia que tuvo con la segunda enmienda la última gobernadora demócrata del estado Ann Richards, como una historia de advertencia sobre intentar cambiar las leyes de las armas.

Recuerden a Richards

En 1991, George Hennard disparó con dos pistolas contra clientes y empleados de una cafetería Luby en Killeen, matando a 27 personas e hiriendo a otras 20 antes de suicidarse. Suzanna Gratia Hupp, una quiropráctica, vio a Hennard matar a su madre y a su padre. Luego, se sintió culpable porque dejó su pistola calibre 38 en el auto y no pudo defender con ella a sus padres. Hupp aspiró a la Legislatura apoyada en ese asunto y ganó.