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El lado positivo de estar en familia

Compartir en Nochebuena puede ser una experiencia grata pese a viejas rencillas

HÉCTOR PINA | 12/16/2012, 6 a.m.
El lado positivo de estar en familia

Las reuniones navideñas no sólo permiten que te pongas en contacto con parientes a quienes tal vez hacía mucho que no veías, también pueden servir para recordar aquellos momentos gratos y anécdotas familiares que duran toda la vida.

No obstante, hay quienes rechazan las reuniones familiares debido a recuerdos desagradables, como el que alguien bebió demasiado en una Navidad pasada y eso provocó discusiones. A otros tal vez les molesten los familiares que han tenido éxito y gustan de vanagloriarse de sus triunfos.

Sé que no hay familias perfectas, a pesar de que los medios suelen bombardearnos con imágenes de parientes reunidos en total felicidad y armonía. Y aunque la reunión familiar esté muy animada y haya armonía y cariño entre todos, eso no eliminará de raíz cualquier sentimiento de frustración, ira, temor o malestar que tuvieras anteriormente. Sin embargo, la reunión navideña no es el consultorio del psicólogo para ventilar tus conflictos y, como decía mi abuela paterna: “La familia te la da Dios, no la escoge uno”.

Así que relájate, aspira profundo y trata de evocar los aromas, sonidos y sabores de la Navidad: las velas, los platos especiales que preparaban tu madre o tu abuela; la música de los villancicos, la risa de los niños, los chistes de los adultos… En fin,... los recuerdos agradables de antaño. Más tarde es posible que compruebes que, después de todo, la reunión te hizo feliz. Estos consejos tal vez te ayuden:

1 - Cuando llegues a la casa o sitio donde se celebra la reunión, saluda de manera individual, en especial a familiares a quienes hace mucho que no ves. Un cálido apretón de manos y un abrazo efusivo expresan más que una simple sonrisa. También despídete de manera individual y expresa tu agradecimiento.

2 - Modera tus expectativas. No esperes que la reunión sea como las que se celebraban cuando eras niño. De hecho, nunca lo son y la razón es muy sencilla: la gente, incluido tú, crece, madura y cambia con los años.

3 - Esfuérzate por no hacer comentarios sobre el peso y la vejez, ya que pueden ser ofensivos no sólo para la persona a quien van dirigidos, sino para otros en las cercanías. Supongo que habrás oído aquello de “si no tienes nada bueno que decir, quédate callado”.

4 - Bebe con moderación. El alcohol suele exacerbar las emociones y nublar el juicio, lo cual puede llevarte a decir algo o actuar de una forma que lamentes posteriormente.

5 - Si un familiar no te brinda la acogida esperada, por ejemplo, no te saluda o al decirte “encantado de verte” suena como si estuviera en un iglú, no lo tomes a pecho ni permitas que eso eche a perder la reunión. Sé tú el efusivo y respóndele con un abrazo o un cálido y sincero “yo también me alegro mucho de verte”.

6 - No esperes que la gente cambie. A veces sucede, pero lo más probable es que aquel primo excéntrico y engreído con quien discutiste hace tiempo siga siendo el mismo pelmazo. No te predispongas cuando vayas a saludarle y ofrécele lo mejor de ti.

7 - Evita comentario como “hace siglos que no me llamas” o “si no te llamo, tú ni te acuerdas de que existo”. Mucha gente se siente agredida con esas frases. Ellos no son tontos y saben perfectamente que hace mucho tiempo que no se ven o se hablan por teléfono.

8 - Muestra una conducta responsable. Si alguien te habla de un tópico que te resulta irritante, trata de cambiar el tema o dile con franqueza que no te interesa hablar sobre eso, luego discúlpate y ve en busca de algo de comer o beber.

Héctor Pina es psicólogo y periodista especializado en salud. Email: vreporter@hotmail.com

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