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Jenni Rivera, una vida de diva

La cantante méxico-estadounidense tuvo una vida controvertida con pobreza en la niñez, divorcios y peleas; a todo se sobrepuso con coraje

David Dorantes | 12/15/2012, 6 a.m.
Jenni Rivera, una vida de diva
Jenni Rivera incursionó en la televisión como empresaria y productora en I love Jenni, un reality show en el que mostró la vida diaria que compartía junto a sus hijos en su residencia de Encino, California. El programa también mostraba los problemas que vivía en sus papeles de madre, abuela, empresaria, esposa y cantante. | (Foto: Mun2)

HOUSTON- La muerte de la cantante méxico-estadounidense Jenni Rivera en un accidente de aviación fue una paradoja cruel, ya que su vida se caracterizó precisamente por los pasajes accidentados que la marcaron y la fortalecieron.

Rivera, de 43 años al momento de su muerte, se describía en su cuenta de Twitter como La Diva de la Banda, La Gran Señora, “cantautora, mamá, abuela, empresaria y productora”.

Pero para conseguir todo eso, Rivera tuvo que pelear a brazo partido desde la adolescencia, en un medio muy difícil para una mujer: el de la música regional mexicana.

“Jenni fue una inusual cantante y empresaria en un área de la música... muy dominada por hombres”, comenta la también cantante méxico-estadounidense Lila Downs en un correo electrónico.

“Era muy valiente” para enfrentar el medio artístico, asegura Downs.

Rivera nació marcada por la pobreza en 1969 en Long Beach, California, dentro de una familia numerosa. Era hija de Pedro Rivera, un productor y cantante, y de Rosa Amelia Saavedra, ambos inmigrantes mexicanos que procrearon a otros seis hijos, entre ellos Guadalupe Lupillo Rivera, también cantante.

Rivera se casó tres veces y tuvo cinco hijos de su dos primeras uniones. Sus matrimonios estuvieron marcados por el escándalo. Los dos primeros terminaron debido a abuso doméstico, según adujo Rivera.

La cantante no se amedrentó y se casó por tercera vez, hace dos años, con el beisbolista mexicano Esteban Loaiza, del que también se separó en medio de una ola de rumores no aclarados sobre los motivos.

La vida profesional de Rivera tampoco fue sencilla.

Comenzó cantando música norteña, un género en el que no tuvo éxito. Sin embargo, su primer disco de banda, Que me entierren con la banda (2000), fue el que la catapultó a la fama.

Los temas de aquel disco, como Las malandrinas, Que un rayo te la parta y Solo sé de amor, que se caracterizan por sus letras agresivas en contra de los hombres, marcaron su estilo pendenciero de cantar, con el que ganó delirantes seguidoras identificadas con ella.

Rivera grabó 16 discos, la mayoría en el mismo tono agresivo, con canciones como Se las voy a dar a otro (2002), Parrandera, rebelde y atrevida (2005) y Mi vida loca. Sin embargo no fue una gran cantante, ya que carecía de técnica para apoyar la voz y respirar, algo que fue evidente en su último disco, Joyas Prestadas (2011).

Aun así, su éxito fue resonante en México y Estados Unidos, y residió en su representación de una mujer agresiva que sobrepasa cualquier adversidad.

“El mundo ha perdido a un talento extraordinario en la línea de Judy Garland, Barbara Streisand y Frank Sinatra”, dice en un comunicado el actor y director méxico-estadounidense Edward James Olmos, quien dirigió a Rivera en un papel protagónico de una pandillera en la cinta Filly Brown, que está programada para ser estrenada en 2013. Jenni, asegura Olmos, “estaba destinada a sobrepasar a cualquier otro artista que haya surgido de la cultura mexicoamericana”.

david.dorantes@chron.com

En Twitter: @HDaviddorantes